Discurso de nuestro Rector de la Segunda Jornada Fiscal de Federación Nacional de Comerciantes y Empresarios de la República Dominicana (FENACERD)

 

Señoras y señores:

Constituye para mí un motivo de enorme satisfacción dirigirme a todos ustedes en este solemne acto de clausura de la Segunda Jornada de Adecuación Fiscal, brillantemente organizada por la Federación Nacional de Comerciantes y Empresarios de la República Dominicana, jornada que se inició con los encuentros regionales llevados a cabo exitosamente en Santiago, San Francisco de Macorís y San Cristóbal.

Como reza el programa, este evento tuvo como propósito fundamental orientar a los pequeños y medianos empresarios acerca de las proyecciones económicas del año 2007 de acuerdo con los datos suministrados por el Banco Central de nuestro país y la Secretaría de Estado de Hacienda, así como analizar las consecuencias que ha tenido haberse acogido o no la amnistía fiscal;   otro de los objetivos tratados fueron cómo sobrevivir a los cambios fiscales, la Seguridad Social, las ventajas y desventajas de DR-CAFTA y el impacto del acuerdo económico con la Unión Europea.

Todos estos aspectos revisten una importancia vital para el quehacer de los miles de afiliados a la FENACERD y los distintos sectores que de una u otra manera se relacionan por las actividades que desempeñan, con los servicios que esa entidad ofrece.  Del cabal esclarecimiento y comprensión de dichos aspectos dependerá en gran medida la suerte de los involucrados en ellos.

Vivimos, señoras y señores, en un mundo globalizado en el que han desaparecido, gracias al espectacular avance de las telecomunicaciones, las distancias.  Actualmente, cualquier suceso de cierta magnitud, sea de la índole que sea, afecta a todos los países, condicionando el desarrollo económico y el bienestar social de los respectivos ciudadanos.  Así pues, no es posible volver las espaldas a ellos y actuar como si no hubiesen ocurrido.

Junto a ese fenómeno inédito en la historia  existe otro de no menor relieve y trascendencia, el cual puede resumirse en el reto que supone enfrentar los múltiples problemas derivados de ese proceso de acercamiento, problemas que atañen al futuro de millones de hombres y mujeres.

Como es de todos sabido, el siglo XXI, cuyo advenimiento celebramos con esperanzador regocijo, nos ha sorprendido sin haber resuelto el abismo que separa a los países ricos, pocos pero poderosos, de los pobres.  Mientras los primeros disfrutan de un grado de progreso nunca antes visto, dictando a su antojo y conveniencia las reglas del comportamiento económico, los segundos, víctimas en muchos casos de ellas, apenas logran sobrevivir.

En lo atinente a la República Dominicana, los manifiestos adelantos efectuados en varios renglones contrastan agudamente con la miseria de miles de sus hijos. 

Creo, que además de cumplir con los objetivos para los que FENACERD ha sido fundada, sin duda de especial interés para los miembros y la comunidad dominicana en general, corresponde a este organismo contribuir, en la medida de sus posibilidades, a hacer más justa y equitativa nuestra sociedad.  Sé muy bien que esa contribución forma parte de las metas a conseguir por ustedes al declarar que una de ellas es la de “motivar el mejoramiento de las condiciones de vida del ciudadano dominicano, así como de su medioambiente, propiciando además la promoción y ejecución de acciones de carácter social, cultural, científico, tecnológico y humano”.  En esto, precisamente, consiste el ser solidarios con la patria y el prójimo.

Las universidades, dentro de su rol de adecuación de sus pensa y sus carreras a la realidad empresarial del país, tienen y deben trabajar junto con las empresas a fin de graduar el profesional idóneo capaz de insertarse en la fuerza laboral del país y hacerlo más competitivo en el marco de un mundo cada vez más pequeño y libre de fronteras.

Hoy me complazco en anunciarles que la Federación Nacional de Comerciantes y Empresarios de la República Dominicana y la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña,  estamos trabajando en la elaboración de un acuerdo marco que permita la capacitación y formación de sus miembros dentro de un intercambio que redundará en beneficio de ambas instituciones, pero sobre todo del país.

Permítanme pues, para finalizar, exhortarlos a no desmayar en la consecución de sus metas, a la vez que los felicito calurosamente por el feliz desenlace de esta Segunda Jornada de Adecuación Fiscal.

Muchas gracias.

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